En una nota que en
estos momentos tengo a la vista, Charles Dickens dice lo siguiente,
refiriéndose a un análisis que efectué del mecanismo
de Barnaby Rudge: “¿Saben, dicho sea de paso,
que Godwin escribió su Caleb Williams al revés?
Comenzó enmarañando la materia del segundo libro y luego, para
componer el primero, pensó en los medios de justificar todo lo que
había hecho”.
Se me hace difícil creer que fuera ése precisamente el modo de
composición de Godwin; por otra parte, lo que él mismo confiesa no
está de acuerdo en manera alguna con la idea de Dickens. Pero el
autor de Caleb Williams era un autor demasiado
entendido para no percatarse de las ventajas que se pueden lograr
con algún procedimiento semejante.
Si algo hay evidente es que un plan cualquiera que sea digno de
este nombre ha de haber sido trazado con vistas al desenlace antes
que la pluma ataque el papel. Sólo si se tiene continuamente
presente la idea del desenlace podemos conferir a un plan su
indispensable apariencia de lógica y de causalidad, procurando que
todas las incidencias y en especial el tono general tienda a
desarrollar la intención establecida.
Creo que existe un radical error en el método que se emplea por
lo general para construir un cuento. Algunas veces, la historia nos
proporciona una tesis; otras veces, el escritor se inspira en un
caso contemporáneo o bien, en el mejor de los casos, se las arregla
para combinar los hechos sorprendentes que han de tratar
simplemente la base de su narración, proponiéndose introducir las
descripciones, el diálogo o bien su comentario personal donde
quiera que un resquicio en el tejido de la acción brinde la ocasión
de hacerlo.
Información texto 'Método de Composición'