Entre Camaradas
Javier de Viana
Cuento
Isidro Gómez, robusto, fornido, sanguíneo.
Pascual Lamarca, alto, flaco, fuerte también, con sus músculos acecinados y sus nervios como torzales.
En un atardecer glacial. A intervalos remolinea, silbando finito, una brisa burlona, cuyo único objeto parece ser levantar traidoramente las haldas del poncho del viajero, facilitando el ataque de la pertinaz llovizna con sus dardos de hielo.
Isidro y Pascual regresan del campo, donde han permanecido desde el amanecer, trabajando sin tregua en la reconstrucción de un lienzo de alambrado.
Isidro es violento y habla sin cesar, accionando con energía, sin importársele de que el viento y la lluvia le mordieran las carnes.
Pascual, temblando de frío, manteníase quieto, escondido dentro del poncho como un peludo en su cáscara y correspondía menguadamente a la verbalidad de su camarada.
Hablaba Isidro:
—Salen diciendo que la culpa es mía, que tengo mal genio, que siempre ando buscando pretestos pa corcobiar y que en un dos por tres y sin motivo gano el campo y disparo arrancando macachines... ¡Y tuito eso es mentira!...
—Dejuro.
—Vos que me conocés dende gurí, podés sartificar sí yo soy güeno u no soy güeno...
—Santifico.
—Y qu’ella es más mala que un alacrán.
—Espérate, che. Por primero, sabé que los alacranes no son malos; cuando los hacen rabiar se encrespan y si pueden pinchan; pero no hacen nada y es sólo el miedo de los bichos grandes el que les da importancia.
—Son venenosos...
—Como los mosquitos... Convencete, hay muchos maulas que pasan por guapos porque la cara les guarda el cuerpo y nadie se ha atrevido a atarles a una carrera formal.
Güeno, era un decir, para por comparancia, porque mala es mala; si no es alacrana es tigra.
—Yo no vide, pero dicen.
Dominio público
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Publicado el 7 de octubre de 2022 por Edu Robsy.