Primera noche
1
Era ya media noche. En los lujosos salones de la
condesa Gamiani, resplandecientes y perfumados, danzaban las juveniles
parejas a los acordes de una mágica orquesta.
Las refulgentes joyas aumentaban el encanto de los elegantes trajes de variados colores.
Encantadora, graciosa, desvivíase la condesa por atender a todos
sus invitados, y en su interesante rostro se traslucía la alegría que
saboreaba gozosa por el éxito de la fiesta. Por todas las felicitaciones
y para todos los cumplidos galantes tenía la dama una sonrisa,
pregonera de su júbilo.
Yo, reducido, como siempre, a mi papel de frío observador, había
notado varios detalles que me impedían ver en la condesa todos los
méritos que le ponderaban sus ciegos admiradores.
No fue para mí labor difícil aquilatar su valía de mujer de mundo; pero deseaba conocer ( íntimamente a Gamiani, analizando con el escalpelo de mi razón su ser moral.
Confieso que una fuerza misteriosa parecía estorbar este propósito y
sentía como vergüenza de aquel empeño de descubrir el misterio de la
vida de aquella mujer enigmática y extraña.
Joven aún, inmensamente rica, bella, sin familia y con pocos amigos
verdaderos, Gamiani podía considerarse como un caso raro en la sociedad
elegante en que vivía.
Ciertas particularidades de la extraña vida de la condesa eran comentadas con explicable malicia.
Juzgábanla unos mujer fría y sin pasiones; teníanla otros por
artista y desengañada de la vida, resuelta a frenar sus sentimientos y
sus pasiones para ahorrarse nuevas amarguras.
Me propuse conocer el secreto de aquella vida; pero nada conseguí.
Aburrido, cansado del mal éxito de mis observaciones, estaba ya a
punto de abandonar aquella empresa, cuando la casualidad vino en mi
auxilio.
Información texto 'Gamiani'