Un Gaucho
Juan José Morosoli
Cuento
Montes llegó a la pulpería de Anchorena en su propia carreta. Tendría poco más de veinte años. Era fuerte, buen mozo, callado y guapo.
Se acercó a la reja y le dijo al pulpero:
—Sé que murió su carrero viejo y vengo por si me precisa.
Anchorena, con su gran franqueza de vasco, le preguntó:
—¿De dónde sos?
—De Puntas de Pan de Azúcar.
—¿Y en tu pago no tenían trabajo?
—Mi pago es donde yo ando —le contestó Montes.
El vasco le dio trabajo pero se quedó pensando: "¿Por qué un viaje tan largo, de vacío, para solicitar trabajo? Cambiaban de pago los contrabandistas. Los domadores. ¡Pero los carreros...!"
Al fin dejó que el tiempo le contestara las preguntas.
Después se convenció que Montes había cambiado de pago porque sí. Y que cualquier día levantaba el poncho otra vez. Era un buen carrero, pero no tenía alma de carrero.
Estuvo allí poco más de un año. Hasta el día en que Martina dio a luz una niña. Martina era la peona de la casa. Cocinaba, lavaba y ordenaba la pieza del dueño, que era cincuentón y soltero. Atendía, además, la mesa del almacén cuando llegaba algún viajero. Allí solían parar "corredores" de comercio o "cuarteadores" de contrabandistas, que venían a vender parte de la carga de sus compañeros.
Una mujer así puede tener un hijo y el hijo ser de ella nada más.
Al irse, Montes, le dio paternidad a la hija de Martina.
* * *
Mucho tiempo después se supo que estaba en el Chuy, allí cerca del almacén del turco Gómez. Morales encontró la carreta. Llegó al negocio y preguntó por Montes.
—Trabajaba aquí —contestó el turco— . Un día dejó la carreta, cruzó la frontera y no vino más.
—¿No será muerto? —interrogó Morales.
—Tal vez esté de contrabandista... Pero no aquí... Mucho más arriba...
Dominio público
3 págs. / 6 minutos / 14 visitas.
Publicado el 2 de marzo de 2025 por Edu Robsy.